Lanzarote es lava y es mar, es papas arrugadas y ceño fruncido porque te da el sol en la cara. La carretera se convierte en paisaje, se funde con la tierra y te hace conducir embelesado. Nosotros nos dirigimos al norte, hacia el valle de las mil palmeras, donde se encuentra La Casa de los Naranjos, un hotel boutique que ha hecho un pacto con el tiempo. Un lugar donde la historia es protagonista y donde la luz se cuela y crea una atmósfera que hace que más que en un hotel parezca que estás dentro de una obra de arte.