Si hablo de Aldán, hablo de mi tierra, Galicia. Reconozco que casa siempre es punto débil, pero es que, para mí, el brillo del mar, el verde por todas partes, un buen vino y un pulpo a feira sobre la mesa es tenerlo todo.
Se encuentra en las Rías Baixas, pegadita al puerto, impregnada de salitre. Era una antigua fábrica de salazón y ahora es un hotel rural con una arquitectura y un diseño espectaculares. Huele a cedro y la luz se cuela en mil direcciones. Desde las ventanas se ve el mar y en él un montón de embarcaciones de vecinos que salen a fanear antes de que salga el sol.