CA'N
BENEÏT

Mallorca fue la última isla balear que visitamos. Quién nos iba a decir que nos quedaríamos atrapados por su belleza y volveríamos una y otra vez. Pero si pienso en un momento inolvidable en la isla, me quedo con navegar por el Cap de Formentor en llaüt: fue el flechazo definitivo.

Al pie de la Tramuntana, tras cruzar olivares y campos donde las ovejas pastan felices, llegamos a Ca’n Beneït: una finca con mucha historia reconvertida en agroturismo de lujo. Pero el lujo aquí no es ostentación ni exceso, es desayunar viendo el paisaje mientras escuchas los pájaros, son las servilletas bordadas y las notas al pie de la cama. El mimo en cada detalle convierte la estancia en una auténtica y reparadora desconexión.

La última vez que estuvimos era inicio de primavera y la isla nos recibió con flores y paisajes vacíos.
Allí confirmamos que la felicidad es un instante que se te clava como un dardo. Y a mí aquí siempre me da en la diana. Mallorca tiene muchísimas cosas que ver, pero si estás en Ca’n Beneït no te importará dejarte alguna para la próxima vez.