Recorrimos Formentera en moto, con la piel salada y el pelo bailando con el viento. Perseguimos el sol porque era octubre y a veces jugaba a esconderse, pero siempre lo acabábamos encontrando: en una cala apartada, de camino al faro de Babaria, comiendo un helado al borde del mar.
Muy cerquita de cala Migjorn está Estel, un hotel boutique con una decoración inspirada en la isla que invita a relajarse tan pronto llegas. No sé si puede haber mayor lujo que leer mientras bebes vino en una bañera en la terraza con el sol bajito, a punto de decir adiós.