Era época de higos y todo parecía poesía. Sonaba «Bahía», de El Zar, en la radio del coche e íbamos llenos de ganas y de nervios como cuando sabes que te acercas a algo que va a ser genial. En Alaior, entre viñedos y olivares, llegamos a Torre Vella, un agroturismo de ensueño totalmente mimetizado con el entorno. Allí el tiempo se detiene, se va la prisa, desaparece. Y entre vino y queso mahonés, un Mehari que te lleva entre la naturaleza salvaje hasta unos acantilados que te dejan sin respiración cuando llegas y ves el mar en toda su inmensidad.