Son sesiones lentas, sin posados. Un paréntesis en el tiempo para estar de verdad, para ver fotos de antes, tomar café y, sobre todo, escuchar sus batallitas. Yo me cuelo por una rendijita para hacer fotos de lo que ocurre y conseguir retratar ese gesto tan suyo, cómo engruña la nariz cuando se ríe, cómo te coge la mano.